Dic 2023 - Por qué me fui de twitter
¡Hola!
Si me seguías en Twitter, habrás notado que desde agosto he ido desapareciendo poco a poco hasta llegar a la situación actual, que es que solo me paso por allí para hablar sobre esta newsletter. Hoy quiero explicar por qué. Me parecía buena idea hacerlo en el correo de diciembre porque el ambiente general suele estar más reflexivo a finales de año y a lo mejor tú también estás de humor para pararte a pensar en tu relación con las redes.
DISCLAIMER: No pretendo forzar a nadie a hacer nada o criticar a nadie. Si a ti Twitter te hace feliz, go for it. No defiendo que mis decisiones sean las correctas para nadie salvo para mí. Y son las correctas ahora. Quién sabe si lo seguirán siendo en el futuro.
No sé si podré hilar un buen relato sobre lo que ha estado sucediendo para que abandone Twitter porque no tengo claro en qué orden han ido pasando las cosas. Imagina esto como un vaso lleno al que no dejan de caerle gotas. Al final, da igual cuál vino antes y cuál llegó después: sin todas las anteriores la última no habría marcado la diferencia.
Empecemos.
No sé qué impresión he dado en esta newsletter sobre cómo me afectó darme cuenta de que la Saga síntomas no iba a llevarme a ningún lado al que yo quisiera ir. Sin entrar en detalles sobre mi dolor, decidí que necesitaba tomarme el mes de agosto entero de vacaciones una vez publicara De hilos y espejos en julio.
Una cosa curiosa de antes de eso es que yo apenas entraba en Twitter los fines de semana. Mirar Twitter algo que hacía en mis descansos de cinco minutos del trabajo de lunes a viernes, y los findes ni lo tocaba. Así que, sin trabajo a la vista durante todo agosto, tampoco entré apenas. No era que hubiera tomado ninguna decisión, simplemente era como funcionaba yo.
Para quitarnos una de las razones menos interesantes de encima, lo diré rápido: me sentía tan bien sin entrar que cuando terminó agosto no quise regresar. A veces lo echaba de menos y entraba. No había vez en la que no me arrepintiera de haberlo hecho después de cuatro o cinco tuits. Siempre había alguien siendo cruel/burlándose de otra persona sin razón, alguien reviviendo uno de los mismos cinco discursos de siempre, alguien hablando de que la vida/el panorama editorial/cualquier cosa es una mierda. Si sueles estar en Twitter, me sorprendería mucho que este ambiente que describo no te resultara familiar. Hay cosas buenas en Twitter, que no se me malinterprete, pero empecé a preguntarme si merecía la pena.
Lo curioso (o más bien lo insidioso) es que al principio no era consciente de que me arrepentía de entrar. Estaba tan acostumbrada a cómo me hacía sentir ese contenido que ni siquiera procesaba el malestar como tal. Solo era lo normal. Si pude darme cuenta de que me sentía mal fue porque, uno, estaba yo en un modo muy introspectivo y, dos:
Tenía Tumblr para comparar. En abril me hice una cuenta de Tumblr bajo mi pseudónimo de monster romance y desde entonces la experiencia consistentemente ha sido: cuando entro en Tumblr me siento bien. No «sin más». Bien. Es tranquilo, es gracioso. Se habla de cosas horribles y de la actualidad tanto como en Twitter, pero el ambiente es completamente diferente. Mil veces menos frenético.
Estar ahí hizo que repitiera una reflexión que, afortunadamente, he tenido más de una vez en los últimos años: si me puedo sentir así de bien, ¿por qué voy a aceptar menos?
Pasemos a una razón con más chicha (o por lo menos con más chicha que me interese explorar ahora; cómo nos hacen sentir las redes sociales tiene muchísima chicha en realidad): empecé a escuchar un podcast que se llama Off the grid. En palabras de la creadora (traducidas por un servidor), «un podcast para les dueñes de pequeños negocios que quieren dejar las redes sociales sin perder todos sus clientes».
Sé que tengo a un puñado de escritores en esta lista y adivino que más de une habrá dicho: «Zoé, alma de cántaro, ¿cómo cojones piensas vender un libro si no estás en redes sociales?». Yo tampoco pensaba que pudiera hacerse hasta que empecé a escuchar ese podcast. Y, sinceramente, incluso si no tienes/quieres tener un negocio, recomendaría mucho que lo escucharas si sabes inglés. Las reflexiones de la creadora sobre las redes, las promesas que nos hacen, dónde nos fallan, etc. son muy interesantes.
Off the Grid no está pensado para escritores. Los negocios en los que piensa la creadora son del tipo que vende servicios y no productos, y se nota. Aun así, he sacado muchas ideas y, sobre todo, he sacado el ánimo y la inspiración que necesitaba para crear un plan de marketing para mis libros que no depende de tener seguidores en redes. Todavía estoy en los primeros pasos de dicho plan, así que no puedo hablar de resultados, pero si te interesaría que hablase de él en el futuro, responde a este correo y dímelo. Solo lo haré si varias personas lo piden porque entiendo que no es un tema universalmente interesante.
Más allá de darme una solución a este problema que se me planteaba si quería alejarme por completo de las redes, Off the Grid me hizo reflexionar aún más sobre el efecto que estas tenían sobre mi estado de ánimo.
Lo cual nos lleva (más o menos) a la última cosa de la que voy a hablar hoy, que es algo que escuché en un episodio de Off the Grid. Siento no poder señalar exactamente cuál fue, sobre todo porque eso significa que no puedo dar crédito como Dios manda a la persona que lo dijo. Sé que fue en una entrevista con una artista. En cualquier caso, no tengo claro que escuchar ese episodio te ayudara a seguir mi reflexión porque mientras lo escuchaba estaba pelando unas patatas y la verdad es que tampoco estaba muy pendiente de lo que estaban diciendo. Lo que pasó fue que una frase me llamó la atención y, como dirían los angloparlantes, corrí con ella. La frase en cuestión fue esta:
Are you posting because you’re not being fed?
O, en español, ¿estás publicando porque no te están dando de comer?
Si has leído la Saga síntomas (especialmente a partir de De flores y alegría, que fue cuando escribí De gloria y veneno y me cambió la vida y la forma en que escribía), sabrás que tengo una cierta debilidad por las imágenes relacionadas con la oralidad. Oralidad as in de la boca. As in dientes, lenguas, tripas, comer, tragar, vomitar, etc. Ya le gustaría a Freud poner sus sucias manitas en este cerebro, colega. Si te quedas hasta el final del correo, voy a compartir un snippet de un relato en inglés en el que se ve esto, solo porque me encanta y me encanta seguir reconociéndome en lo que hago. Cuando decidí cambiar mi escritura de idioma, tuve miedo de perderme a mí misma, pero soy verdaderamente inevitable.
Bueno, que me voy por las ramas. Lo que quería decir es que, si me has leído, entenderás que me obsesioné con la imagen que ofrecía esta frase. Are you posting because you’re not being fed? De nuevo, no sé lo que quien lo dijo pretendía decir. Sí sé lo que escuché yo: ¿Estás publicando esto porque tienes hambre? ¿Estás publicando esto porque tienes un vacío que quieres llenar? “Vacío” suena como una palabra muy fuerte. Esto es lo que quiero decir con ella: algo que necesitas y que todavía no has recibido. En el caso de las redes sociales es, ah, interacción social.
¿Estás publicando esto porque quieres que alguien sepa tu opinión? ¿Por qué estás triste y quieres que te reconforten? ¿Estás enfadado y quieres que te den la razón? ¿Quieres que alguien se alegre por ti? ¿Que se ría contigo?
Estas necesidades son humanas. Sentir todas estas cosas está bien. Las personas somos seres sociales: querer compartir tus emociones/ideas/vivencias es buena señal de que sigues vive. El problema que yo veo es que para satisfacer nuestra necesidad humana de compartir es necesario que haya feedback (¿Lo pillas? Feed). Para que el chiste que he contado me satisfaga, alguien tiene que reírse también. Porque, si nadie reacciona a él, ¿para qué contarlo? ¿Por qué no me lo guardo para mí? En el hecho de que quieras contar algo está escrito que quieres que haya alguien al otro lado para recibirlo.
El problema es que en redes no siempre hay alguien al otro lado. Ya sea porque el algoritmo no enseña lo que quieres contar o porque sí hay alguien, pero esas personas no interactúan de ninguna forma con tu publicación y por lo tanto es como si no estuvieran ahí.
No voy a entrar en la ciencia de los dopamine hits y la adicción a las redes porque no sé suficiente al respecto, pero creo que a nivel básico, la mayoría hemos experimentado la alegría de recibir un montón de favs y RTs y la tristeza de un tuit que todo el mundo ignora. Tenemos hambre. Queremos conexión.
Para mí, cuando sentía esa hambre, poner un tuit era el camino fácil. Suelto la cosa que me muero por decir al vacío y rezo por que el vacío me responda. En muchos casos, la falta de respuesta solo hacía que me sintiera peor de lo que lo habría hecho si me la hubiera guardado para mí.
¿Que por qué digo que es el camino fácil? Porque la otra opción es compartir lo que quiero compartir directamente con alguien y ahí entran un montón de emociones y dudas a las que preferiría no enfrentarme. ¿Molestaré? ¿Le importará siquiera a esta persona lo que cuento? ¿Querrá hablar conmigo? ¿Y si estoy diciendo una tontería? ¿Cómo reaccionará? Como persona que se pasó los años formativos de su vida escuchando que las cosas que tenía que decir no le interesaban a nadie, estas preguntas me siguen a todos lados. Mi padre debe de ser la persona con quien más hablo del mundo e invariablemente le pregunto si se está aburriendo cada vez que le cuento algo a pesar de que la respuesta siempre es no.
Pero me he cansado de caminos fáciles que no llevan a la vida que quiero tener. Construir relaciones fuertes con mis amigues y familia en las que compartimos incluso las tonterías es lo que quiero. No es fácil cambiar los hábitos y no es fácil enfrentarse a las preguntas que hay que hacerse para cambiarlos. ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Qué es lo que buscas? ¿Qué es lo que te falta? ¿Por qué no haces lo que sabes que sería mejor para ti? No estoy ni de lejos en donde quiero estar, pero estoy más cerca de lo que estaba en Twitter.
Quiero aclarar que no estoy diciendo que no se puedan hacer grandes amigues en redes sociales. De hecho, una de las cosas en las que todavía tengo que trabajar es en compartir más cosas con personas que conocí en Twitter y a las que no quiero perder. Lo que sí estoy diciendo es que lo bueno de estar con ellas en Twitter no era estar en Twitter: era estar con ellas.
Recientemente vi un vídeo de 15 minutos de una persona hablando sobre por qué ha dejado las redes y habla sobre cómo estaban afectando a sus relaciones “en la vida real”. Esto es algo sobre lo que no he pensado mucho todavía, pero me pareció muy interesante.
Y con esto hemos llegado al final de este correo. Una cosa maravillosa que tienen las newsletters, las conversaciones e incluso Tumblr es que puedes leer/desarrollar un pensamiento completo. Imagínate si hubiera tenido que decir todo esto por Twitter. Imposible.
Te dejo con el el extracto que mencioné antes en el que hablo demasiado (mentira; nunca es demasiado) sobre bocas. Que lo disfrutes.
“And that wrongness,” he said, “is it not eating away at you? Do you not feel the teeth?”
Teeth. I felt them. I did. I did. Every single day.
“I’ve seen you gnawed to spit on the ground. It has broken me.” Something cracked in my ears, like an ice cream’s chocolate covering. I drew in a shallow breath. “It breaks me every time, watching the tears open in your skin. If only you’d let me touch them. Oh, if only you’d let me lick them—like I was a dog and you were my saint.”
El relato está sin corregir así que me disculpo por cualquier error. By the way, está pasando por lectores beta ahora mismo. Si el monster romance es lo tuyo y quieres leer unas 46 páginas de word sobre un ángel bíblico y un chaval nb al que concibieron para que se hiciera cura, me avisas. Las opiniones que más necesito ahora mismo son de gente que esté acostumbrada al género, así que si no sueles leerlo no podrá ser.
Que disfrutes del final del año y nos vemos el que viene.
Zoé ☀️