Ene 2024 - Cosas que dan miedo

¡Feliz 2024!

Quizá hayas notado que este correo llega algo más tarde de lo normal. Eso es porque, por mi bien y el del resto de los mortales, estaba de vacaciones. Espero que tú también hayas tenido la oportunidad de descansar este final/principio de año.

Antes de empezar, quiero decir que si eres una de las personas que me han pedido que hable de algo en específico y estás esperando por tu correo, no te preocupes que no me he olvidado. Tengo todos los temas apuntados y en orden de solicitud 😂 Por otro lado, si no me has pedido nada hasta ahora, te recuerdo que si se te ocurre un tema y dices: «mm, estaría bien que Zoé hablara de esto», estoy a una respuesta a este correo de distancia.

Dicho esto, al lío.

Llevaba unos meses pensando en sobre qué escribiría el señaladísimo primer correo del año y, justo cuando decidí que iba a ser sobre cosas que dan miedo, me llegó la newsletter de diciembre de Estefanía, en la que hablaba sobre que ella se había propuesto hacer una cosa que le diera miedo al mes en 2023. Será verdad lo de que las grandes mentes piensan igual.

En el método de planificación que sigo, HB90, tengo que hacer una evaluación de cómo me han ido las cosas cada semana, cada mes, cada trimestre y, cómo no, cada año. (Tengo un vídeo en mi viejo canal de youtube sobre él, si te interesa verlo. El ángulo en que está grabado no es el mejor porque fue el primer vídeo de este tipo que grabé… Y prefiero no verlo porque sé que si lo hago no querré enlazarlo, pero ahí está. (Paréntesis dentro del paréntesis: lo he mirado para asegurarme de que era el correcto y, guau, no me creo que llevara tan pocos anillos entonces. Cobarde, Zoé del pasado, chanelea tu Día interior o muere)).

Como de costumbre, me desvío. En la evaluación de este año, me quedó cristalino que la mejor decisión que tomé en 2023 fue ponerme como meta hacer una cosa que me diera miedo a la semana. Al principio del último trimestre del año, hice una lista de más de diez cosas que me hacían sentir que me iba a hacer pis por la pata p’abajo y decidí que cada viernes por la tarde iba a hacer una de ellas.

Acabé haciendo nueve de ellas. El resto o bien me di cuenta de que no necesitaba hacerlas, o bien no pude hacerlas a tiempo porque dependían de otras personas. No voy a hacer una lista porque tampoco necesito abrirme en canal delante del mundo entero y decir que estuve hora y media (cronometrada, ah, lo malo de cronometrarlo todo…) con la invitación a un servidor de escritores de monster romance de discord abierta intentando reunir el valor para aceptarl… *se oye un ruidito en mi pinganillo* *me aparto del micrófono para susurrarle a mi equipo* ¿Qué quieres decir con que acabo de confesarlo?

Meh.

Cosas guays que conseguí en los viernes que pasé en un infierno de mi propia creación: ¡mi portadista de en sueño va a diseñarme tres portadas para mis monstruitos! (previamente me había resignado a no tenerla porque me intimidaba demasiado contactar con alguien tan reconocido en mi nicho), ¡tengo un icon ilustrado para todas mis andanzas bajo mi pseudónimo! (¿se nota que hablar con artistas es mi peor pesadilla?), ¡envié mi primer monster romance a lectores beta!

Creo que con esas nos hacemos una idea.

Algo que me deja loquísima de esta situación es que, cuando escribo lo que hice, no parece mucho. Ni siquiera a mí me lo parece. Sin embargo, antes de hacer la lista, antes de ponerme con ella, e incluso mientras estaba con ella, se sentía como si no solo tuviera que bajar al infierno: encima tenía que picar todo el túnel hasta allí. La masa de cosas que llevaba meses posponiendo por miedo era tan oscura, tan grande, tan impenetrable que parecía imposible que algún día pudiera desaparecer. Es difícil de explicar. Las tareas ni siquiera parecían cuantificables. Era niebla demasiado espesa como para ver lo que tenía a mi alrededor. Una bola de ansiedad tan enredada en mi pecho que no sabía dónde empezaba ella y dónde terminaba yo.

Cosas que hace el miedo. Cosas a las que me acostumbro hasta el punto de olvidar que no tienen por qué ser así.

Siempre empiezo estos correos calm, cool, collected y a mitad acabo dando con algo que me araña un poco demasiado. Durante muchos años he dicho que las dos emociones que más he sentido en mi vida son vergüenza y miedo. Después de 25 años, creo que va siendo hora de que me den el título de mi Máster en Vivir Acojonada. Como eso no va a pasar, me conformo con la ilusión de que alguien escuche lo que tengo que decir sobre el miedo: la única forma de vivir y no solo sobrevivir es enfrentarlo.

Nótese que no he dicho «la única forma de librarse de él». Mi padre siempre me dice que, cuando uno hace algo que da miedo las suficientes veces, se le pasa dicho miedo. Papá, sé que no estás en esta lista (gracias a mi petición explícita de que no te apuntes), pero tengo que decirlo igual: Y UN COJÓN SE PASA. Tuve miedo de subir en coche la cuesta de la casa en la que me crié durante once putos años. La subíamos y la bajábamos todos los puñeteros días varias veces. Nunca dejé de tener miedo y yo creo que si me ponen de vuelta ahí me daría incluso más miedo que antes. Fuck that bullshit (love you tho).

Si tienes la mala suerte de ser como yo, hacer las cosas no va a resultar en que dejes de tenerles miedo. Estaba a punto de escribir que algunas veces el miedo sí se pasa y poner el ejemplo de lo que me acojonaba pedir la parada en un autobús cuando estaba en el instituto, pero tras dos minutos de reflexión me he dado cuenta de que, de hecho, me sigue dando cague hacerlo. Lo que ha cambiado es que sé hacerlo a pesar del miedo mejor de lo que sabía antes.

[Pequeño aparte. Escribiendo esto acabo de comprender por qué me sorprende cada vez que alguien me dice que fui muy valiente yéndome a Japón yo sola durante tres semanas (sí, eso pasó). *Inserte el meme de* Wait you guys tendríais más miedo a ir soles a un país extranjero del que apenas sabéis el idioma que de pedir la parada en el autobús?? Para mí, el obstáculo que a salvar es más o menos del mismo tamaño en ambos casos. Nadie me dice que soy valiente por subir en bus, así que no me cuadra que lo hagan por lo otro. Conste en acta que no digo todo esto en plan «MÍRENME SOY ESPECIAL. VIVO UNA VIDA HORRIBLE QUE USTEDES NO PODRÍAN ENTENDER» porque ni lo soy ni es el caso. Nadie gana nada de aferrarse a su dolor, aunque sea tentador. Yo tampoco quiero hacerlo. Voy a seguir trabajando, y algún día las cosas me darán miedo en cantidades razonables].

Vuelta al redil.

Si me quieres escuchar, haz tu lista. Escribe todas las cosas que sabes que quieres hacer (o que te van a acercar a las cosas que quieres) y que te aterrorizan, designa huecos en tu rutina para hacerlas este año, and be so fucking gentle with yourself. La razón por la que yo las hacía los viernes por la tarde era porque me podía permitir hacer una única cosa toda la tarde y luego tener todo el finde de recompensa. Si conseguía hacer la cosa en diez minutos, ole por mí: el resto de la tarde libre.

Todos tenemos nuestros infiernos personales y muchas veces los comparamos con los de otros. «Nadie necesita tres horas para mentalizarse para hacer una llamada telefónica». Bueno, ¿y qué? «Que yo tampoco debería». Bueno, ¿y qué? No vivimos en Deberíalandia, y criticarte a ti misme por no ser la persona que serías en un país imaginario no te va a convertir en ella. Solo te va a hacer sentir como la mierda y, si sentirte así fuera a cambiarte, ya lo habría hecho. Si apalearte por cómo eres fuera a cambiarte, ya lo habría hecho. Prueba a darte el espacio y la comprensión que necesitas en su lugar. Sé buena persona contigo misme. No mereces sufrir bajo tu propia mano (ni la de nadie más).

Llegamos a ese momento de la newsletter en que llevo dos horas escribiendo y ya no sé si he dicho lo que quería decir. Escribir esa lista y (poco a poco y con mucha compasión hacia mí misma) ir tachando cosas de ella me ha acercado a la vida que quiero y me ha recordado lo ligero que uno se puede sentir. Sentirse capaz también está guay. Seguiría haciendo esto todas las semanas si no fuera porque… se me acabó la lista. Huh, ¿quién hubiera dicho que me quedaría sin cosas que me asustaran (en mi carrera) (por ahora)?

Y ya está. Si te da por hacer esto, un truco de persona con un máster en estar aterrorizada: cuando de verdad que siento que me va a dar un chungo, pienso en la versión de mí misma que existe más adelante en la línea del tiempo y que ya ha hecho esto. Está viva, está bien, e inevitablemente voy a convertirme en ella. Está escrito.

Deseándote un 2024 tan brillante que te deslumbre,

Zoé ☀️

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